Quien haya estado libre de infecciones, que tire la primera piedra. Verdaderamente las bacterias, los virus, parásitos, hongos y demás contagios no son para presumirse, pero con seguridad todo mundo los ha albergado alguna vez en su vida.
El caso es que aquella madrugada, Jocelín, Gloria y yo mera terminamos en los calabozos de ese emblemático lugar de encuentro de chilangolandia. Fue como muchas veces, para arriba, para abajo, obscuridades, más claridades, olores, suciedades… En realidad no pasó nada extraordinario como otra vez cuando en diferentes momentos y por recomendación de “boca en boca” las tres compartimos al hombre. Lo único que ocurrió digno de relatarse aquella jornada fue que a Jocelín se le rompió el condón (!)
A todas nos ha pasado, miente la que diga que no; o mejor dicho, no usa condón. Es algo que sucede ya sea por falta de lubricación, o por un poco de aire en el preservativo, o por la brusquedad del entra y sale. Como sea, el miedo no anda en burro y enseguida de una ruptura de latex viene la preocupación. Jocelín no me lo confesó, pero ella no cuenta con que Gloria es un tanto comunicativa, bueno, no menos que cualquiera de las tres. El caso es que la mujer andaba pidiendo prescripción desde aquella ciudad estadounidense ante la sospecha de una infección por “gono”. Por cierto, al tiempo que escribo esta columna, mi ex marido me platica que hace unos días contrajo la misma infección. Ya ven, la que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Para Jocelín, quien por cierto en su derecho de replica me ha pedido aclarar que ya no siente culpa ni remordimiento por la putería, fue falsa alarma. Mi amiga que ahora reside en los Estados Unidos no contrajo gonorrea ni nada parecido. Pero seamos sinceras, amigas, por más que lo intentemos, por más cuidadosas que seamos, la verdad es que no hay sexo cien por ciento seguro, a menos que practiquemos la abstención pero eso no va con nosotras ¿verdad? Al menos no con mis amigas porque no se les olvide que somos de las piores, gozosas de los cuartos oscuros, saunas, jardines calientes, cabinas y cualquier LUPIS que se nos atreviese, llámese Lugar Para el Intercambio Sexual. De este modo, debemos aprender a enfrentar las infecciones de transmisión sexual y a encontrar los tratamientos más rápidos y efectivos.
Recuerdo todavía cuando contraje ladillas, esos pequeños piojos que se encajan en lo más profundo del vello público. Fue un día entre semana que regresando a casa, me pareció divertido abordar el Metro y ligar a alguien. Así fue y el hombre terminó en mi casa y, puesto que yo estaba en una relación, solo fajamos e hicimos sexo oral. Suficiente para que días después experimentara una comezón terrible que me orilló, ilusamente, a pedirle a mi novio que me revisara. En eso estaba cuando sentí un gran empujón. “¡Qué puto!”, me gritó. Por su puesto que lo negué todo y me atreví a inculparlo a él. Los bichos esos, sin embargo, no me dejaron mentir. Se revoloteaban entre los vellos una vez que aumentaron de tamaño. La solución, que seguramente la conocen todas, es recortar y aplicar un famoso shampoo para cuando sientes “pasos en la azotea”.
Pero no se olvide que Gloria es la más puta y también la que más contagios ha padecido. Resulta que tuvo infecciones desde adolescente: contrajo herpes genital (por demás común) a tierna edad aunque se percató de ello hasta pasados los veinte. También ya hemos dicho que por ese ajetreo que sufren sus pezones con argollas, luego atrapa infecciones que la hacen supurar. Así es: en ocasiones sus pechos segregan pus a raudales en lugar de calostros. Sí, ya se que suena asqueroso, pero es la pura verdad. Gloria también sufrió gonorrea, con los ardores y fluidos amarillentos que la caracterizan; por eso desde entonces guarda en la cajuelita de su auto una receta médica, lista para adquirir los antibióticos que sean necesarios.
En fin, no cabe duda que las infecciones de transmisión sexual son el pan nuestro de cada día. No creo tener la autoridad moral para dar lecciones de cómo cuidarse y cómo prevenir estas infecciones. Mi mejor recomendación es referirse a los muchos artículos especializados que ha publicado esta agencia sobre sexualidad y prevención. En todo caso, mi único mensaje, otra vez, es en contra de la hipocresía, porque todas, reconozcámoslo, hemos pasado por un contagio al menos una vez en nuestras vidas.

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