¿Sientes vergüenza después de acudir a un cuarto oscuro? ¿Te inunda la culpa cuando te reconoces fácil? Cuidado, no es que se hayan equivocado tus padres con la moral impartida, lo más seguro es que le tienes miedo a la soledad y te encuentres en ella.Hace unos años Jocelín era inocente. Un poco maltratada por la vida, guardaba su sexualidad en un gran closet, como si hubiera sido una peluca que le encantaba pero que no podía usar en todas las fiestas. Reprimida, ella desconocía y rehuía de los lugares para el encuentro sexual por el remordimiento que le generaban; como era el caso de los cuartos oscuros, los cuales existen en México (me han dicho) desde tiempos inmemorables.
Según me cuentan, El Taller fue el que “innovó” con esta clase de cuartos , aunque no me tocó conocerlo porque, de hecho, el primero al que asistí fue el de La Estación. El caso es que desde entonces mis amigas me han nombrado la reina del cuarto oscuro e incluso dicen que mi mejor instrumento de trabajo es una cinta de confinamiento, de esas amarillas que usan policías de series gringas para acordonar áreas.
En este terreno, Jocelín era novata, ya les dije que incluso los cuartos calientes como también les llaman, le daban miedo y culpa. No tanta, creo yo, por haber inaugurado uno en Acapulco y otro en Monterrey, pero ella jura que era nueva en esos andares. En cambio ahora, tanto Jocelin como yo, y desde luego Gloria, somos asistentes frecuentes de estos maravillosos lugares.
La verdad hay que agarrarles el modo, porque hay quienes visitan los cuartos oscuros creyendo que encontrarán el amor o al menos una cita decente. No, chicas, no. No se confundan. Los cuartos oscuros son como una tienda de conveniencia, de esas que están las 24 horas abiertas y donde encuentras básicamente comida chatarra con un 25% de sobreprecio. Así es, en estas tiendas con seguridad conseguirás lo que necesites a altas horas de la madrugada: Una sopa instantánea, unas botanitas, cervezas, hielos, esas cosas que se requieren de emergencia… tal como un cuarto oscuro.
Ahí hay que ir con Pepe Grillo dormido, es decir, sin culpas ni remordimientos, también con realismo: se trata de satisfacer una necesidad sexual y nada más. Las habrá afortunadas como yo que conocí a mi marido en un lugar de encuentro sexual, pero no es la regla. Así que vayan sin pretensiones, ni amorosas ni terrenales… y es que hay veces que entran las muy melosas o las muy inalcanzables. ¡Hueva! Si no es para sexo, mejor no entren. El colmo está en aquellas que pretenden entrar sin ser tocadas, ¿cómo así? Menos cuando hay noches que no cabe ni un alfiler.
Las reglas del cuarto oscuro son básicas: respeta el NO de los demás; sé educada con quien no te gusta y no quieres nada con él, evita ser agresiva a menos que el otro siga manoseando con terquedad; se higiénica, no a todas nos gustan las porquerías y luego cómo cuesta quitar las manchas de semen de la ropa y los zapatos; no enciendas tu móvil, aparte de que eres blanco fácil para el robo, ¿qué parte de cuarto OSCURO no entiendes?; evita ser la "usurpadora", pues algunas llegan ya con la mesa puesta y comen como si les hubiera costado trabajo el bocado; y básico: no platiques, no jotees, no grites, que las demás estamos "trabajando" (como dijera la Micha).
Volviendo a la historia de Jocelin, la recuerdo muy abochornada en Acapulco, ahuyentándome del lugar cuando tenía a un hombre encima. Ella tiene la culpa, pues ese corredor no era cuarto oscuro; estaba desierto pero eso no quiere decir que se podía coger y mamar como si nada. Al otro día, la mujer no podía con la angustia. Se sentía la más puta, la menos decente, la peor de todas.
A muchas nos ha pasado lo mismo, pero el problema radica en la intención con que acudimos a esos lugares. Así como Jocelin en aquel entonces, la vergüenza es una reacción inmediata que provoca el cuarto oscuro; el comportamiento no es políticamente correcto, tampoco públicamente aceptado entre el colectivo, mucho menos reconocido. Pero más que la vergüenza por la "inmoralidad" que socialmente denota, se trata del enfrentamiento con una realidad innegable: El sentimiento que nos invade todo el tiempo es el miedo a la soledad y entrar a un cuarto oscuro, cuando no se tiene conciencia de lo que hacemos realmente, significa encontrarnos en un océano de soledades y eso nos angustia sobremanera. Tal como dijera mi intima Mariperla: "muy bonita, muy bonita… pero ¡sola!".
Así que, para evitar esa emoción agridulce, amigas lectoras, háganme caso: pierdan la decencia por completo, al menos reconozcan que ya la extraviaron hace mucho y, sin hipocresías, disfruten de los cuartos oscuros que para eso son… lo cual no significa dejar a un lado la autoestima y el autocuidado, que las infecciones están a la orden del día. Por cierto, buen tema para la siguiente entrega. Nos leemos la próxima.

No hay comentarios:
Publicar un comentario