martes, 15 de noviembre de 2011

Orgías, tríos, cuartetos y empuñaduras

Ahí estaba: Gloria estimulaba con uno, dos, ¡tres!, ¡¡cuatro dedos!! ¡¡¡La mano entera!!! No pude verlo, quizá porque se trataba de mi amiga, quizá porque todavía me quedan escrúpulos. En cambio, un público extenso presenciaba el espectáculo sexual.

Amigos, amigas, ¿me extrañaron? Para qué me engaño, si nadie me escribió en tanto tiempo de ausencia. Sólo un par de chicos para preguntarme morbosidades porque al parecer soy experta en sucios temas. Pues aunque no lo crean, no soy directorio de productoras porno ni tampoco cadenera de cuartos oscuros ¡eh! Pues bien, espero retomar este espacio para contarles mis experiencias sexuales y las de mis indecentes amigas. Recuérdese que no somos mujeres, sino un trío de hedonistas maricones.

Entrando en materia, aunque algunos crean que son repugnantes, la verdad es que las fiestas sexuales son muy excitantes. Las hay en toda la ciudad. Lo mismo en la Condesa, que en Zona Rosa, que en Iztapalapa o ciudad Nezahualcóyotl, (en las márgenes de la civilización, donde se sabe hay una raza de hombres de bronce dispuestos a satisfacer a una mujer desesperada). Regularmente es a través de grupos virtuales, chats, listas de correo, etcétera, que nos enteramos de las orgías. Aunque a veces es por invitación directa. El caso es que después de recibir tantos comentarios de la Red Hot Party, mis amigas y yo decidimos asistir.

Gloria ya conocía todo tipo de orgías, públicas o privadas (por cierto, en otra entrega les relataré el cuarteto que compartí con esta loba); por mi parte, en alguna ocasión, hace años, fui a una de estas reuniones, pero Jocelín era novata en este terreno. De hecho siempre había sido bastante renuente en ir, primero porque aseguraba que dejaría de ir a los lugares públicos de intercambio sexual (Lupis), y segundo, porque le daba vergüenza quedarse en ropa interior en semejantes encuentros. Yo estoy segura de que, ciertamente, Jocelín no se siente nada orgullosa de sus pectorales y vello corporal.

El caso es que por fin se animó. Para ello debió estar algo alcoholizada, porque de otro modo, es toda virgen, santa y pura. Pura hipocresía, porque a la hora de la hora, ahí la tenemos en calzones o sin ellos saltando de uno a otro hombre. Claro, siempre y cuando no la vean sus amigas, porque entonces se sonroja y abandona el acto sexual… Después de la media noche, llegamos a la fiesta, muy cerca de Zona Rosa. El procedimiento es sencillo: tocas el timbre, ingresas a la casa, abonas tu cooperación “voluntaria”, te desvistes, quedando únicamente en calzoncillos y zapatos (que ¿sexy?), guardar tu ropa en una bolsa de basura, te colocas el brazalete con número de identificación y enseguida le das rienda suelta a los bajos instintos.

En la planta superior, en uno de los salines, la iluminación es adecuada para exhibicionistas y voyers, ahí mismo es la sala de videproyección. Los menos atrevidos preferimos el otro cuarto, porque se encuentra a media luz y más oscuro al fondo, aunque entrado el invierno es algo frío a pesar de la calefacción. Pues bien, ni tardas ni perezosas, le entramos a nuestro vicio. ¡Mamadora la vieja! Esa soy yo. ¡Sola, sola, pasiva, pasiva! Esa el Gloria. Y quién sabe qué será Jocelín, porque nunca se deja ver. Aunque sabemos que, al menos en los llamados Lupis, ella es muy insertiva y poco participativa. De pronto, cada quien en lo suyo, nos perdimos en aquél muégano de cuerpos… parejas, tríos, cuartetos y grupos mayores en plena interacción.

Al final de una agotadora sesión sexual, después de la cual casi me enamoro, decidí salir a la pieza iluminada para descansar un poco. Me percaté enseguida de un nutrido grupo de espectadores alrededor del sofá. Al acercarme, ahí estaba: Gloria estimulaba el recto de su compañero con uno, dos, ¡tres!, ¡¡cuatro dedos!! ¡¡¡La mano entera!!! No pude verlo, quizá porque se trataba de mi amiga, quizá porque todavía me quedan escrúpulos. En cambio, aquel público extenso presenciaba semejante espectáculo sexual. Había guantes de latex, también lubricante mantecoso y, sobre todo, mucho morbo.

Mejor me retiré hasta que Gloria terminara o hasta Jocelín se apareciera en cualquier momento. Mi asombro perduró incluso horas después de salir del lugar. Había visto la escena en algunos videos de Internet, me habían contado que esta práctica conocida como fisting ocurría con bastante frecuencia en un bar lether ubicado en la calle de Hamburgo, pero la verdad nunca pensé que verla en persona me causaría tanto escozor. Así es, amigas, no soy tan puerca como pensaban. Pero para poder obtener retroalimentación, me gustaría lanzar la pregunta: ¿qué motiva a quienes practican la introducción parcial o total de la mano en el ano o la vagina de la pareja? Mi hipótesis es la insatisfacción sexual derivada de los excesos, de ahí la búsqueda de prácticas cada vez más extremas, aunque no signifiquen necesariamente placer. En el caso del sujeto activo, creo que se trata de un asunto de poder.

Como sea, no quiero que piensen que lo estoy condenando. A final de cuentas, de todo hay en la viña de Señor. Con qué calidad moral puedo juzgar a los demás y decir qué es bueno o malo. Siendo yo tan prostituta como María Magdalena, solamente puedo decir que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

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