Los peligros son muchos. Siempre es mejor acordar y no enterarse, a menos que la cosa termine en trío. La situación debe llevarse con cautela e inteligencia. No vaya a ser que luego nos quedemos como la “perra” de las dos tortas.
Algo que nos queda más o menos claro, con excepción de Jocelin, a quien nunca le he conocido novio formal, es que una relación abierta puede ser divertida en ocasiones y garantía de muchos años de compañía amorosa; en otros casos puede ser fatal.
¿Qué es una relación de pareja abierta? Aquella donde sus integrantes llegan a un acuerdo para poder estar con otras personas. El nivel del pacto varía según la libertad que deseen quienes la suscriben, pero las reglas deben ser claras desde el principio. Por ejemplo, habrá quienes decidan contarse sus aventuras, otros que decidan observar a la pareja con terceros sin participar, otros que sólo accedan a tríos, unos más que únicamente tienen permisos en lugares de encuentro pero no en casa y aquéllos que se consiguen entre sí al invitado sexual. En fin, las posibilidades pueden ser tantas como lo permite la diversidad sexual y amplitud de criterio de los que así lo quieren.
Gloria, para no perder el título de la más loca, fue la primera en tener una relación abierta. La he visto, con o sin pareja, igual de libertina. Pero ella más que todas conoce el riesgo de las mismas relaciones infieles. Hace tres años que la conozco y entonces tenía una relación con otro de mis conocidos. Su marido, un poco mayor y feo, estaba de acuerdo en que los dos tuvieran aventuras con terceros incluso enfrente de sí. Por supuesto, a Gloria le venía como anillo al dedo. La única condición era no meter a mujeres en esa dinámica. Así fueron felices mucho tiempo, pero un día llegó alguien a quien Gloria vio con ojos de amor y dejó a su marido. Ahí los riesgos de permitir el acceso a otros a las relaciones establecidas.
Pero todo se paga en esta vida, y aunque en esa nueva relación de Gloria hubo promesas de fidelidad y de compromiso absoluto, no fue realidad. Gloria enamorada tuvo que padecer el engaño de su nueva adquisición y aunque la traición pudo superarse (¿con qué calidad moral Gloria puede molestarse por ser víctima de la infidelidad?) en realidad el amor por parte de su marido fue acabándose hasta que la dejó. Entonces quedó como la “perra” de las dos tortas, o sea, sin ninguno. Aún así, la zorra no abandonó la vida que llevaba antes y ahora parece estar más que aliviada de esos dolores del corazón; cómo no, si desayuna, come y cena hombres como si fueran los sagrados alimentos.
En mi caso, nunca he sido fiel; ninguno de mis novios y parejas ha tenido exclusividad sobre mi cuerpo, tal vez sobre mi corazón. Pero hay que decirlo: esa infidelidad siempre había sido clandestina, ilegal, nunca acordada y consentida por el/la afectad@ en turno. Con el paso del tiempo me pareció importante ser honesta y revelar que lo mío lo mío, es la putería, por lo que si alguien se interesaba en establecer una relación conmigo antes debería firmar el contrato de “relación abierta”.Con mi último marido la situación fue más o menos clara desde el principio, pero está claro que una no puede decirle tan descaradamente a los hombres: “Soy totalmente zorra. Podemos andar pero ¿me das permiso de estar con otros?”. Así que la confesión tuvo que ser poco a poco. El primer acto fue un beso infiel con un rico chacal en una fiesta de carnaval. Mi marido claro que hizo escándalo, pero luego entendió que ni un ósculo ni una mamada atentan con los sentimientos, por lo que el amor puede seguir vigente. El segundo paso fue acudir juntos a lugares públicos para el intercambio sexual (LUPIS), cuartos oscuros, piscinas, saunas, etcétera, donde la diversión fue máxima. Sobre todo porque una y otro teníamos placer con diferentes hombres.
El tercer paso fue el más complicado: hacerlo entender que no tenemos que estar juntos ni tampoco vernos el uno al otro en flagrancia para darnos permiso, sino que cada quien por su lado puede divertirse con una sola condición: no involucrarse con los terceros en discordia. Esto es no pedir números telefónicos, correos electrónicos y si es posible ni nombres; mucho menos llamar, escribir, salir. Simplemente la satisfacción física, y listo, ¡vámonos! Seeee ya sé que no se puede ser más hedonista, pero ¿acaso no me conocen ya?
Por su parte, Jocelin asegura que ahora que vuelva de Philadelphia conseguirá marido en chilangolandia después de años y felices días de no haber tenido uno. Yo estoy completamente segura que no será capaz de establecer una relación abierta, si hasta ahora no ha tenido novio… Además de que ciertamente no es tan sexual como sus amigas. Pero si acaso decide hacerlo, que ponga mucha atención en las reglas para ser infiel y mantener al marido amarrado:
- Procura llegar a un acuerdo civilizado. Abrir la relación es conveniente para los dos, así que no es imposible firmar ese contrato.
- No oigo, no veo, no escucho. De preferencia, no enterarse de las aventuras del otro, a menos, obviamente, que sea un trío.
- Insisto, no involucrarse con lo terceros en discordia, mucho menos enterarlos de que tienes una relación, porque luego hay unos que se encaprichan y se imponen el reto de acabar con matrimonios consolidados (je je je je, ¿como quién será?).
- Nunca compares y procura tener siempre el mejor sexo con quien tienes en casa; simplemente para no sentir nostalgia por los hombres de afuera.
- No dejes de cumplir tus obligaciones sexuales, así que toma muchas vitaminas para satisfacer a los amantes, pero sobre todo al propio.
- Es recomendable respetar los espacios de la pareja, no lleves al amante a donde no quieres que tu marido lleve a su conquista.
- Siempre llega a casa y no dejes de contestar el móvil cuando tu novio o pareja te busque, para no levantar suspicacias.
- Sé responsable. Cuídate que así cuidarás a tu pareja también.
- Honestidad ante todo: Habla siempre sobre cualquier problema derivado tu relación abierta con el principal interesado: tu marido
- Asume las consecuencias de tus actos; para bien o para mal, tú tomaste la decisión.

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