jueves, 17 de noviembre de 2011

Amigos sexuales o amigas “mano larga”

Los amigos sexuales son indispensables. Después del sexo con amor, no hay nada mejor que el sexo sin compromiso pero con cierta conexión. Esto sólo se puede lograr con los amigos sexuales con quienes hay que guardar distancia para mantener la pasión.



No se trata de una pareja, tampoco de un noviazgo, mucho menos un ligue de ocasión. Si existe cierta confianza, algo de entendimiento, empatía… en definitiva, el sexo es mejor. Hay quienes podemos establecer relación de amigo sexual con el ex marido, otras lo hacen con alguien que primero fue un acostón y luego pasaron a algo más “íntimo” y también las que, a fuerza de la repetición, comenzaron a tener otro tipo de relación. En todos los casos, la premisa siempre es la misma: ningún compromiso.

Pero también están las amigas que, de pronto, motivadas por la urgencia o el simple exceso de alcohol y otras sustancias, terminan interactuando sexualmente. Gloria y Claudia -la que esto escribe-, vivieron algo similar en más de una ocasión. Comenzamos con besos, luego pasamos al faje y terminamos en el sexo oral. Por un poco más, hubiéramos tenido sexo completo, pero como siempre, pudo más la conciencia que la calentura. Es el caso de las “amigas mano larga”.

Son dos episodios harto memorables. Cuando Jocelín dejó Monterrey, Gloria y yo fuimos por ella para ayudarle a conducir el auto de regreso a la ciudad de México. Una noche antes, la celebración por el cambio de ciudad y la despedida por parte de sus amigos regios ocurrió en el Parking. Con el exceso comenzó diversión. En poco tiempo, las bebidas alcohólicas hicieron su efecto y todos terminaron haciendo desfiguros. El sanitario-cuarto oscuro fue un lugar muy concurrido. Ahí satisfice mis bajos instintos, mientras que las demás bailaban, brincaban y cantaban. Por su puesto que también ellas visitaron ese cuarto que, recuérdese, Jocelín inauguró meses atrás como lugar para el intercambio sexual.

Ya de madrugada todos volvimos al departamento de Renata. Gloria y yo terminamos en una recámara. Un poco borrachas, comenzamos a besarnos. Pensé que ahí terminaría la cosa, pero continuamos con quitarnos la ropa y en un santiamén ya estábamos practicando el sexo oral. Quizá en ese momento, un corto circuito ocurrió en la ciudad debido a semejante acto lésbico. Después de un rato, Gloria estaba preparada para la penetración, pero entonces pensé que propiamente aquello no sería lo mejor. Además de que yo estaba ya satisfecha. Gloría me dijo:

- Es que yo no me vine, ayúdame.
- ¿Cómo?- le respondí.
- Bésame.
- E s t á   b i e n.

Este diálogo ahora es motivo de muchas risas cuando lo recordamos, pero así fue la primera vez que Gloria y yo llegamos a algo más en nuestra amistad. Claro que no lo repetimos hasta una segunda ocasión y nunca cambió nada entre nosotras. Tan amigas como siempre. El otro episodio fue una noche de martes después de haber ido a un conocido bar con cuarto oscuro. No fue una jornada buena, pero al final, un hombre guapo aunque con unos kilitos de más, me propuso un trío. En realidad yo ya había tenido un orgasmo, así que no me llamaba mucho la atención otro encuentro. Le dije que venía con una amiga que no podía, pero insistente me pidió que también invitara a Gloria. Fui con ella y le conté la proposición. Ni tarda ni perezosa, ella accedió. Los cuatro nos fuimos a un hotel.

Comencé con el más guapo, aunque el otro menos agraciado tenía mejor cuerpo y mejor dotación. Por eso, Gloria y yo los intercambiamos. En momentos en parejas, en momentos los cuatro, hasta que uno de ellos me dijo: “hazlo con él”, pensando que entre nosotras sólo había amistad. En cuanto lo hicimos, los otros estaban más que excitados. Cabe mencionar que ellos nunca hicieron nada juntos.

Al final, todos terminamos sobre Gloria, quedando la mujer más que embarrada. Lo chistoso de aquella vez es que yo no podía eyacular y los tres me miraban con cierta desesperación hasta que por fin lo logré. En un rato más, pese a la insistencia de los otros de que nos quedáramos, salimos como cómplices prostitutas de aquel hotel. Desde luego, la anécdota también ha causado mucha risa para quienes la conocen a detalle.

Así es, los hay de dos tipos: amigos sexuales y amigas mano larga. Como ya se dijo, los primeros reúnen ciertas características, pero la principal es la ausencia de algún compromiso. Aunque no falta quien con el paso del tiempo comienza a cultivar algún sentimiento por el otro y termina lastimado. Por eso es importante mantener siempre una barrera y conservar la distancia, tanto física como emocional. Es decir que los encuentros sexuales no sean tan frecuentes para que además la pasión sobreviva. Lo mejor que puede pasar, es que ese amigo sexual se convierta en un compañero de vida, cuando a la postre, el sexo ya no es necesario porque la otra conexión es mucho más importante. Ojalá ese fuera el destino de todos nuestros amantes pero la verdad es que la mayoría son desechables. ¿O me equivoco?

Conoce a Moreira... y no, no es Humberto (UFF)



Miro Moreira nació el 6 de abril de 1984 en São Paulo. Según él, cuando era un adolescente, era como el "patito feo", porque era flaco, utilizaba aparatos ortopédicos y tenía un montón de granos. Al principio trabajó en un banco, pero después uno de sus compañeros lo animó a seguir la carrera de modelo.

Él comenzó a modelar en las pasarelas en São Paulo Fashion Week. Desde entonces, ha modelado para Giorgio Armani, Armani Exchange, D & G, Belstaff, Lebole, Sean John, Roberto Cavalli, Dudalina, Aramis, Blue Man, entre otros.

También fue la portada de "L'Officiel", una de las revistas de moda más famosas de Europa. En Brasil, obtuvo una gran atención por participar del reality show "A Fazenda".

martes, 15 de noviembre de 2011

Orgías, tríos, cuartetos y empuñaduras

Ahí estaba: Gloria estimulaba con uno, dos, ¡tres!, ¡¡cuatro dedos!! ¡¡¡La mano entera!!! No pude verlo, quizá porque se trataba de mi amiga, quizá porque todavía me quedan escrúpulos. En cambio, un público extenso presenciaba el espectáculo sexual.

Amigos, amigas, ¿me extrañaron? Para qué me engaño, si nadie me escribió en tanto tiempo de ausencia. Sólo un par de chicos para preguntarme morbosidades porque al parecer soy experta en sucios temas. Pues aunque no lo crean, no soy directorio de productoras porno ni tampoco cadenera de cuartos oscuros ¡eh! Pues bien, espero retomar este espacio para contarles mis experiencias sexuales y las de mis indecentes amigas. Recuérdese que no somos mujeres, sino un trío de hedonistas maricones.

Entrando en materia, aunque algunos crean que son repugnantes, la verdad es que las fiestas sexuales son muy excitantes. Las hay en toda la ciudad. Lo mismo en la Condesa, que en Zona Rosa, que en Iztapalapa o ciudad Nezahualcóyotl, (en las márgenes de la civilización, donde se sabe hay una raza de hombres de bronce dispuestos a satisfacer a una mujer desesperada). Regularmente es a través de grupos virtuales, chats, listas de correo, etcétera, que nos enteramos de las orgías. Aunque a veces es por invitación directa. El caso es que después de recibir tantos comentarios de la Red Hot Party, mis amigas y yo decidimos asistir.

Gloria ya conocía todo tipo de orgías, públicas o privadas (por cierto, en otra entrega les relataré el cuarteto que compartí con esta loba); por mi parte, en alguna ocasión, hace años, fui a una de estas reuniones, pero Jocelín era novata en este terreno. De hecho siempre había sido bastante renuente en ir, primero porque aseguraba que dejaría de ir a los lugares públicos de intercambio sexual (Lupis), y segundo, porque le daba vergüenza quedarse en ropa interior en semejantes encuentros. Yo estoy segura de que, ciertamente, Jocelín no se siente nada orgullosa de sus pectorales y vello corporal.

El caso es que por fin se animó. Para ello debió estar algo alcoholizada, porque de otro modo, es toda virgen, santa y pura. Pura hipocresía, porque a la hora de la hora, ahí la tenemos en calzones o sin ellos saltando de uno a otro hombre. Claro, siempre y cuando no la vean sus amigas, porque entonces se sonroja y abandona el acto sexual… Después de la media noche, llegamos a la fiesta, muy cerca de Zona Rosa. El procedimiento es sencillo: tocas el timbre, ingresas a la casa, abonas tu cooperación “voluntaria”, te desvistes, quedando únicamente en calzoncillos y zapatos (que ¿sexy?), guardar tu ropa en una bolsa de basura, te colocas el brazalete con número de identificación y enseguida le das rienda suelta a los bajos instintos.

En la planta superior, en uno de los salines, la iluminación es adecuada para exhibicionistas y voyers, ahí mismo es la sala de videproyección. Los menos atrevidos preferimos el otro cuarto, porque se encuentra a media luz y más oscuro al fondo, aunque entrado el invierno es algo frío a pesar de la calefacción. Pues bien, ni tardas ni perezosas, le entramos a nuestro vicio. ¡Mamadora la vieja! Esa soy yo. ¡Sola, sola, pasiva, pasiva! Esa el Gloria. Y quién sabe qué será Jocelín, porque nunca se deja ver. Aunque sabemos que, al menos en los llamados Lupis, ella es muy insertiva y poco participativa. De pronto, cada quien en lo suyo, nos perdimos en aquél muégano de cuerpos… parejas, tríos, cuartetos y grupos mayores en plena interacción.

Al final de una agotadora sesión sexual, después de la cual casi me enamoro, decidí salir a la pieza iluminada para descansar un poco. Me percaté enseguida de un nutrido grupo de espectadores alrededor del sofá. Al acercarme, ahí estaba: Gloria estimulaba el recto de su compañero con uno, dos, ¡tres!, ¡¡cuatro dedos!! ¡¡¡La mano entera!!! No pude verlo, quizá porque se trataba de mi amiga, quizá porque todavía me quedan escrúpulos. En cambio, aquel público extenso presenciaba semejante espectáculo sexual. Había guantes de latex, también lubricante mantecoso y, sobre todo, mucho morbo.

Mejor me retiré hasta que Gloria terminara o hasta Jocelín se apareciera en cualquier momento. Mi asombro perduró incluso horas después de salir del lugar. Había visto la escena en algunos videos de Internet, me habían contado que esta práctica conocida como fisting ocurría con bastante frecuencia en un bar lether ubicado en la calle de Hamburgo, pero la verdad nunca pensé que verla en persona me causaría tanto escozor. Así es, amigas, no soy tan puerca como pensaban. Pero para poder obtener retroalimentación, me gustaría lanzar la pregunta: ¿qué motiva a quienes practican la introducción parcial o total de la mano en el ano o la vagina de la pareja? Mi hipótesis es la insatisfacción sexual derivada de los excesos, de ahí la búsqueda de prácticas cada vez más extremas, aunque no signifiquen necesariamente placer. En el caso del sujeto activo, creo que se trata de un asunto de poder.

Como sea, no quiero que piensen que lo estoy condenando. A final de cuentas, de todo hay en la viña de Señor. Con qué calidad moral puedo juzgar a los demás y decir qué es bueno o malo. Siendo yo tan prostituta como María Magdalena, solamente puedo decir que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.